Pedro Angel Ayala Macanás

Entre tanta propuesta desgarbada, preteridora de todo pulso vital, carente de emoción, plastificada, Pedro Angel Ayala Macanás presenta su obra. No van a ver nada fuera de lo corriente en ella, porque no hay en ella nada que no apele al abigarramiento que la naturaleza exhibe durante las avenidas o a los estigmas infligidos sobre las palmas del hombre sacrificado; nada distinto del expresionismo, entre tanta anodinez y tanto minimal kitch que nos asola.

Pedro de Campos pinta para vivir, aunque a él le gustaría también vivir para otras cosas, a las que de forma inexorable se ve impelido, ya que de no ser así su actividad primordial y excluyente, casi autística concerniría a la actividad pictórica. Y la pintura es como la vida: enrevesada, llena de circunvoluciones. Las uñas desgarran la materia pictórica y la sesgan y aplanan hasta configurar miles de autopistas, ornamentos del más bello rococó que entroncan, no con la belleza al más puro estilo de éste, sino más bien con el desgarro y la perplejidad.                          Es una pintura existencialista porque nace del hambre y del frío, "tapiana" porque tiene en Tàpies a uno de sus primigenios manantiales y bebe en sus cartones desgarrados, aunque también cree en ese otro Antonio Saura, factoría de Brighites Bardots y Cristos desnudos retorciendose y exhibiendo al mundo su dolor. Sin embargo algo propio, o al menos, él lo piensa, habría de tener Pedro de Campos para creer que es merecedor de ser considerada dentro de la programación de exposiciones de la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de Murcia ya que, habiendo nacido en Campos del Rio, no podría renunciar, aunque lo quisiera, a las inefables influencias del enclave. Campos del Rio proporciona el carrizo y la chumbera, y el sol, el aire y el agua que tan afines son a una obra naturalista. De Campos del Río es la galdomera formada en los meandros de ese río tan exiguo pero tan apegado a su infancia y el mismo agua "esaboría" que trasmana de la poza del Pilar junto a los juncos y la escrihuela. Se muestra la obra realizada en 2007 y 2008 fundamentalmente y otra, aunque en menor número, más colorística y reciente de 2009, así como la que sale a la luz en el intervalo de ambos periodos. Así, aunque pueden observarse cambios con el paso de los años y la utilización de tela en lugar de madera, en algún caso, o hacia un mayor colorismo, no hay cambios, si bien, en el fondo de la intención del autor, ya que subyace siempre en él la misma pretensión de arquivolta y desgarro y de decoloración y de fiesta. No es, ni mucho menos, una pintura fácil. Cercana al activismo pictórico entendido en el sentido de la "action painting" de Pollock porque se origina en el movimiento manual y la expresión libre, en consonancia con la más pura expresión corporal. En ella se ve imbricada todo el cuerpo, desde el pelo hasta la última cutícula. Es una pintura de acción. Aunque también indeleblemente unida al pensamiento y la reflexión: por ello es Pollockiana y Tapiana y bebe del Pop Art y del collage y del expresionismo de Kandisky y de Sicilia. Pintura de sufrimiento: en su factura; padecimiento en su interpretación y en sus espinas y enredos y en sus decoloraciones e incluso en su misma efusión. En su sintaxis hay sinuosidades: impresiones ungulares, con violencia, muchas veces. Son cuadros sin marco razonable, sin contención. Son decoloraciones conseguidas con horas y horas de trabajo, con frotage paciente, con recalcitrante aplicación, muchas veces, que recuerdan ese mismo paroxismo de Pollock, allí en su gabinete obstinado febrilmente en manchar, para dar a luz a esas sus características formas. La abstracción, la clásica, la de siempre dota de valentía esencial a la obra de Pedro de Campos: la de Ángel Haro, la de Vicente Ruiz, la de Picasso, la de Vlamink; la de Chagall y la de Pollock y la de Rothko y la de Antonio Lucas, ésa que se forja en noches de insomnio y entroniza el pensamiento puro y el instinto más primitivo del hombre que nace de lo más irreductible del insconciente, del sueño y del ensueño y de la imaginación. Es una pintura pobre en sus orígenes porque son sus medios pobres: la tiza, el cuchillo que desgarra y las uñas, y el canfor y el betún y la deleble pintura infantil de dedos y el esmalte para puertas y ventanas, arrojados sobre la superficie embadurnada, trasegada.... Aunque la inercia de la vida feble le arrastre a veces a las comodidad de las pantuflas, lo que a Pedro de Campos más le gusta es guarecerse en su estudio, que es su diván, en el que las más bajas pasiones son sometidas a ese excelso proceso de sublimación del psicoanálisis de la pintura.



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  pedrodecampos@live.com  

   Tiene su estudio en: Campos del Rio (Murcia) España